jueves, 9 de septiembre de 2010

RESUMEN HISTORICO DEL MERCADO DE PESCADO Y SU ENTORNO

ANTECEDENTES
Desde 1934 a 1983 funcionó en Barracas el “Mercado de Concentración Mayorista de Pescado”, conocido como “Mercado del Pescado”. Su llegada, inauguró una nueva etapa en la vida de un barrio acostumbrado al movimiento comercial de las industrias, barracas y depósitos. Con el tiempo, su presencia se convirtió en un referente urbano, incorporado definitivamente al rico imaginario de este barrio al sur de la ciudad.
Ubicado en la manzana delimitada por las calles Algarrobo, Villarino, Santa María del Buen Aire y San Ricardo, próximo al Riachuelo y a la Estación Hipólito Yrigoyen del Ex F.C. Gral. Roca, el Mercado integra hoy, junto el ámbito de esta estación y el viaducto ferroviario, un área de interés patrimonial que ha merecido diversos reconocimientos por sus valores testimoniales, urbanos y arquitectónicos. El inmueble se encuentra dentro del Distrito E3 y en el Distrito APH 7, “Ambito de la Estación H. Yrigoyen y Viaducto del Ferrocarril General Roca, desde calle Benito Quinquela Martín hasta Estación H. Yrigoyen”, con los grados de intervención establecidos para edificios con Protección Cautelar, según lo establecido en recientes relevamientos de Areas de Protección Histórica realizados por la Secretaría de Planeamiento Urbano del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.[1]
Este singular sector urbano, comienza a adquirir su fisonomía actual a principios del siglo XX, cuando el entorno de la Estación Barracas al Norte (hoy Estación Hipólito Yrigoyen) cobra renovado impulso, a partir de la construcción de la doble vía a alto nivel, proyectada por la empresa inglesa del Ferrocarril Sud en 1901. Estos trabajos –iniciados en 1904- también comprendieron la construcción de la actual estación en reemplazo de la anterior, y la realización de las obras de ingeniería necesarias para que los trenes ingresen a la Terminal Constitución, sin interferir con el tránsito de las calles existentes. De esta manera, se materializaron los magníficos puentes ferroviarios y el edificio de pasajeros actual, proyectado por los arquitectos Paul Bell Chambers y Louis Newbery Thomas del citado ferrocarril (1908-1909). [2]
En pocos años, en torno al nuevo edificio de pasajeros se nuclearon comercios, bares, fondas y otras dependencias vinculadas al movimiento diario de la estación y a los operarios del ferrocarril. No obstante, en aquellos años el sector urbanizado de la estación, no se prolongaba con la misma densidad hacia la zona del actual Mercado; pues Barracas, a pesar de ir consolidando su perfil industrial, aún no perdía su carácter original, con un paisaje en el que se alternaban fábricas, con residencias de veraneo, quintas de árboles frutales y de alfalfa, para el abasto local y de la Capital. [3]
Aún hacia 1925, los terrenos donde años después se levantará el Mercado, aparecen semiurbanizados, con algunas casas aisladas en el verde y senderos de tierra que los atraviesan; y con las calles Algarrobo, Villarino y San Ricardo, que hoy lo delimitan, sin abrir. Sobre el lado que correspondería a esta última, pueden observarse los fondos de los talleres de la antigua “Compañía Tramways del Sur” (1911), que tenía su entrada principal por la calle Puentecito (hoy Luján 2417), y, sobre la misma calle, pero más alejados, en la esquina de Luján y Santa Elena, los Talleres y Depósitos de la Sociedad de Tubos “Mannesmann Ltd.” (1923), siempre a escasos metros del Riachuelo. Sobre Santa María, se encontraba el edificio del Instituto de “Nuestra Señora del Buen Consejo” (1914/18), proyectado por el arquitecto Alejandro Christophersen.[4]
Como se ve, se trataba de un sector consolidado en sus usos industriales y residenciales, pero de menor densidad respecto al ubicado al este de las vías, donde en torno a la estación y a las tradicionales vías de salida hacia el sur, como eran la calle Vieytes y la Avenida Montes de Oca, el tejido era mucho más compacto. Del lado oeste, en el sector del Mercado, la calle Villarino estaba aún sin trazar, y la principal arteria era Osvaldo Cruz, que pasa bajo uno de los arcos del ferrocarril. En la franja de terrenos entre esta calle y el Riachuelo, más allá de Perdriel, el trazado urbano se perdía en difusos caminos de tierra y quintas sobre la ribera.
1. LA LLEGADA DEL MERCADO DE ABASTO DEL SUD
La municipalización de los mercados, había sido una antigua aspiración de los ediles porteños. Cuando asumió el gobierno de la ciudad Marcelo Torcuato de Alvear, la mayoría de los mercados estaba en manos de particulares –seis en total- y el municipio sólo era propietario del mercado del Centro, del Plata y del Comercio. Esto hacía casi imposible controlar la higiene, regular los precios y la calidad de los artículos. Alvear pensó resolver la situación expropiando los mercados particulares y construyendo oficiales en distintas zonas de la ciudad, siempre siguiendo el modelo de París, es decir, delegados comunales presidiendo las compras en los mercados de abasto e inspectores la venta en los al por menor. Un aspecto clave de la inquietud de Alvear, era la gran renta que generaría para la comuna poseer el control directo de los mercados. Pero los proyectos de Alvear, y de quienes le sucedieron, debieron esperar largo tiempo hasta su concreción.[5]
La continua disputa entre el sector público y el privado, queda reflejada en las dificultades de control sobre los precios, la higiene y la ubicación de los mercados en manos de particulares. Recién a partir de la segunda década del siglo XX el municipio encaró la construcción de nuevos mercados, como el de Salguero y Cabello, Malabia y Velazco y Estación Urquiza, aunque el grueso de la actividad continuaba en manos privadas.[6]
Hacia 1931, la Superintendencia de Mercados de la Comuna porteña, anunció la supresión del mercado de pescado Bullrich por “incómodo y antihigiénico”, proyectando en su reemplazo la construcción de otro establecimiento en la Dársena Sur. Se aspiraba de esta manera a solucionar los problemas de abastecimiento de pescado a la población, que entonces representaba un volumen de operaciones de casi 18 millones de kilogramos por año. Una cifra menor, comparada con el rubro de frutas, verduras y carnes, que operaban mercados como el Dorrego, con más de 77 millones de kilogramos anuales. [7]
Años después, aún latente la necesidad de un nuevo mercado de concentración de pescado, el Municipio optó por dejar de lado el anunciado proyecto y dispuso, por Ordenanza N° 5231 del 28 de noviembre de 1933, adquirir para tal fin una construcción existente en el barrio de Barracas; circunstancia sobre la que nos detendremos. [8]
En 1928, la Sociedad Mercados y Depósitos S.A., dedicada –según sus estatutos- [9]a la explotación y construcción de mercados mayoristas o minoristas, almacenes, frigoríficos, depósitos, tabladas, etc., destinados al abastecimiento de la ciudad; adquirió en Barracas una manzana delimitada por las calles Algarrobo, Villarino, San Ricardo y Santa María. Esta compra no incluía un terreno ubicado en la esquina de Villarino y Santa María, que la propietaria había vendido con anterioridad a un tercero en 1923 (actual Edificio Pescadito).
Esta Sociedad inició la construcción del mercado y, el 15 de noviembre de 1933, pocos días antes de sancionarse la Ordenanza que disponía su compra por parte del Municipio, lo enajena a un tercero. Dos meses después, en enero de 1934, será la Comuna quien lo adquiera a su nuevo propietario, pero al doble de su valor. [10]
Desde enero hasta su inauguración el 13 de junio de 1934, se ultimaron detalles para equipar las instalaciones del mercado con destino a su finalidad principal, esto es, la concentración de pescados y mariscos. Imágenes de época muestran el aspecto exterior original del mercado, el montaje de puestos, diversos arreglos internos y el momento de la inauguración.
En sus comienzos, se llamó “Mercado de Abasto del Sud” y, por Ordenanza N° 6.555 del 5 de julio de 1935, se dispuso concentrar en él todo el pescado que se introducía en el municipio. Esta concentración permitía la fijación de precio oficial para las diversas especies que se vendían en las ferias francas, mercados municipales y municipalizados. [11]
En enero de aquel año se inauguraron las instalaciones frigoríficas y también comenzó a funcionar una máquina elaboradora de “hielo en escamas”, considerada “única en Sud-América”. El volumen anual de entrada de pescados y mariscos llegó en 1935 a casi 15 millones de kilogramos. [12]
El Mercado Bullrich, su antecesor, fue demolido en 1935 para permitir la ampliación del Paseo Colón.
El Mercado de Abasto del Sud o Mercado del Pescado, cesó definitivamente en sus actividades a partir del 28 de febrero de 1983, según lo dispuesto por Ordenanza municipal N°37.608, pasando sus funciones al Mercado Central. [13]
2. CONSIDERACIONES FORMALES Y TIPOLÓGICAS.
Dentro de las tipologías de mercados, el Mercado del Pescado responde a la tipología de mercado central, con puestos ubicados en el centro del edificio, cerrados en casi todo su perímetro por una banda perimetral de construcciones con locales. Presenta algunas variantes respecto a esta tipología del siglo XIX, debido principalmente a la utilización de armaduras metálicas que permiten cubrir grandes luces sin apoyos intermedios, prescindiendo de la modulación tradicional de columnas delimitando los espacios de los puestos.
La estructura metálica del mercado propiamente dicho, se organiza constructiva y funcionalmente a través de una calle central, que permite acceso vehicular y vincula las entradas principales, de las calles Algarrobo y Santa María. Cortan transversalmente a esta vía seis circulaciones secundarias, transversales, de mucho menor tamaño, que limitan ocho grandes naves con cubiertas a dos aguas, bajo las cuales se disponían los puestos y se realizaban las tareas de carga y descarga. La modulación de las columnas de hierro se concentra en este caso a los apoyos que delimitan las circulaciones y no en las naves.
Las cubiertas originales de estos espacios eran de chapas de fibrocemento, con claraboyas de iluminación y ventilación en su vértice superior. La cubierta de la calle principal, también de fibrocemento, tenía una faja central de iluminación y en sus laterales ventilaciones. Las circulaciones secundarias presentaban cubiertas de vidrio que favorecían la iluminación lateral de las naves.
A pesar de las previsiones, el sistema de aireación natural de las cubiertas, se resentía por la faja de locales perimetrales que rodeaba el espacio central, con la que las cubiertas de las naves se encontraban solidarizadas estructuralmente en uno o dos de sus lados, apoyando uno de sus tímpanos contra la misma. Bajo las naves, los puestos se armaban libremente, con los habituales sistemas de montaje en seco, con placas de mármol fijadas a una estructura de perfiles de hierro.
La envolvente edilicia, con estructura de hormigón armado, que contaba con un piso superior con cubierta plana, se disponía a lo largo de tres fachadas, con una modulación que presentaba aberturas con persianas metálicas en planta baja y paños con pequeñas ventilaciones y aventanamientos en el piso superior. Sin dudas, este geométrico ropaje de sobrerrelieves era el rostro visible del mercado en el barrio.
El lenguaje Art Decó, no sólo dominaba la monótona sucesión de locales –alternados con muros ciegos, pero sin abandonar la modulación- sino, principalmente, los portales de acceso sobre Algarrobo y Santa María, donde las formas alcanzaban mayor vuelo expresivo, complementadas con faroles –hoy desaparecidos- y herrería de similar estilo.
3. SOBRE USOS Y ALTERACIONES CONSTRUCTIVAS Y MORFOLÓGICAS. CONSIDERACIONES GENERALES.
Con el correr del tiempo, el mercado sufrió mutilaciones, agregados y modificaciones debido, -principalmente- a los adelantos tecnológicos en materia de enfriamiento, a los cambios en las formas de comercialización y a los usos no originales que albergó luego de su desafectación.
La planta en “U” de los entrepisos, disponía de locales comerciales y depósitos superiores sobre las calles Algarrobo, Villarino y Santa María. Las naves sobre la fachada restante, San Ricardo, culminaban contra un muro, sólo interrumpido por un volumen de baños (hoy de dos niveles), con diversas aberturas, además de las correspondientes a las circulaciones secundarias transversales. En este sector, desde los inicios del mercado, aparecen sobre bajo las naves 2 y 3 un conjunto de puestos con piletones.
En sus primeros años, exteriormente la modulación original predominante –visible en diversos documentos fotográficos- de locales con persianas en planta baja y paños superiores con ventanas centrales y ventilaciones laterales, presentaba diversas variables, conservando siempre el ordenamiento formal que ofrecían las fajas verticales y horizontales.
Una modificación drástica a esta composición se produjo cuando se demolió todo el piso superior del ala derecha del acceso sobre calle Algarrobo, que contenía las cámaras frigoríficas. Por detrás de esta fachada, hoy se encuentra un área libre y la subestación eléctrica.
Del estudio de las planimetrías históricas, se desprende que cuando se inaugura el mercado en lugar de estas cámaras se encontraba una serie de depósitos, con ascensor, al costado del escritorio sobre el acceso principal. Estas cámaras –trece en total- aparecen hacia 1936, manteniendo locales en planta baja y con un subsuelo destinado a depósito.
Otra alteración importante fue el progresivo “tapiado” de los locales en las fachadas sobre Algarrobo, Villarino y Santa María. La desaparición de estos espacios de comercialización e integración del mercado con el entorno circundante, adoptó diversas formas, sustituyéndose en muchos casos los frentes metálicos por portones de madera de menor tamaño, con aleros de hormigón armado, que años después fueron cegados completamente, con muros de ladrillo común y hueco.
Un desajuste de antigua data, se presenta en la esquina de Algarrobo y Villarino, donde hacia 1941 se incorpora una vivienda, con nuevas aberturas. Más recientes (1959) son las alteraciones sobre Santa María, con las aberturas de la pequeña vivienda lindera al depósito de la esquina. Sobre la misma arteria, en el sector de planta alta próximo a la ochava de San Ricardo, se abrieron vanos discordantes con la modulación original.
Sobre Villarino, en los últimos tres módulos, antes del depósito de la esquina, también se produjeron alteraciones en los aventanamientos superiores, para adaptarlos al funcionamiento interno del mercado, con rotura de vanos e incorporación de puertas metálicas corredizas interiores. En la parte baja, la sustitución de las persianas originales se operó introduciendo un portón y dos ventanas laterales superiores sobre muros de ladrillos.
Curiosamente, en un plano de 1934, el sector correspondiente a este taller no aparece integrado al mercado, y forma parte del lote en esquina. Recién se encuentra en un plano de 1936, y en otro plano del año siguiente, con instalaciones especiales para lavar cajones de pescado.
El galpón y depósito de la esquina de Villarino y Santa María -una propiedad hoy incorporada al Mercado- constituye un elemento de ruptura en la continuidad de fachada de la envolvente de locales, con su particular modulación y escala de volúmenes.
Otro sector atípico, es la fachada sobre San Ricardo, pues sobre esta calle da el cuarto lado “vacío” de la planta en “U”, sin los entrepisos, cuyos extremos culminan en las esquinas de Santa María y Algarrobo. Una foto histórica de este sector lo muestra con los tímpanos de las naves completos, construidos en mampostería de ladrillos, con aberturas superiores e inferiores que permitían el movimiento de mercaderías hacia y desde el exterior. También se aprecia el actual volumen de baños, aunque sin el piso superior; y la modulación existente cuando no existía la subestación eléctrica, próxima a Algarrobo. En lugar de ésta aparece una sala de máquinas que servía a las cámaras de enfriamiento, con un tanque de agua superior.
El único elemento estilístico referencial del tramo sobre San Ricardo –además de los volúmenes extremos antes citados- es la modulación de las fajas verticales en sobrerrelieve existentes en los muro por debajo de los tímpanos.
Los colapsos estructurales y desajustes constructivos sobre esta fachada con múltiples, visibles particularmente en la desvinculación de la estructura metálica con los apoyos en la mampostería, en la obsolescencia física y funcional de los sistemas de desagüe y en desprendimientos de revoques generalizados.
Sobre este punto, merecen una observación las distintas superposiciones y agregados amorfos que han sufrido los revoques exteriores a la cal originales en todas las fachadas, con parches cementicios y revestimientos del tipo “salpicrete”, hoy en su mayoría desvinculados del sustrato. Además, en todo el perímetro, existen sectores con importantes desprendimientos de revoques por exfoliación de hierros de la estructura de hormigón y por colapsos de diverso grado que esta ha sufrido en sus elementos verticales y horizontales.
Internamente, la organización de las cubiertas del mercado con ocho naves, una calle principal y seis circulaciones secundarias, perdura, aunque sin el sistema de ventilación e iluminación original. También subsisten desajustes estructurales de antigua data, debido a la precaria vinculación estructural de las naves con la estructura de hormigón perimetral, en donde se observan grietas y rajaduras de importancia. Los problemas de esta deficiente solución original no sólo se remiten al problema estructural, sino al rudimentario sistema de desagüe pluvial y su contacto con los muros de mampostería superiores.
Las naves metálicas presentan columnas de hierro doble “T”, de 160 x 160 mm de sección, espaciadas cada 4.50 m. Las plantas rectangulares, poseen luces promedio de 17.00 m y una profundidad variable, que va de 22.50 m a 36.00 m. La distancia entre armaduras es de 4.50 m y la altura de cada nave: 5.86 m hasta el arranque, y 9.65 m hasta el vértice superior.
La calle principal posee una ancho de 10.00 m y una altura de 11.25 m, constituyendo el eje visual que permite una percepción directa del universo metálico interior y, consecuentemente, un referente importante de la identidad original del inmueble como mercado.
La situación de las circulaciones secundarias, de 3.00 m de ancho y 6.90 m de altura –originariamente con cubiertas de vidrio- es variable, de acuerdo a su forma de llegada a los entrepisos y los frentes de las calles. Sólo prolongan sus cubiertas metálicas en salidas exteriores los casos 1, 3 y 5 ; mientras que poseen salida al exterior, pero constructivamente sólo llegan hasta la faja perimetral, las circulaciones 4 y 6 . Por último, la 2 se prolonga hasta el muro sobre San Ricardo, pero sin salida efectiva.
Las construcciones de los entrepisos perimetrales son las que presentan mayor grado de deterioro dentro del conjunto. A las fracturas, grietas y rajaduras múltiples derivadas de su unión con las estructuras metálicas, se suman los colapsos de vigas sobre el frente de los locales, las filtraciones de origen pluvial y los procesos de obsolescencia de pisos, revoques y cielorrasos, en los ambientes hasta hace unos años usurpados. Actualmente, la mayoría de estas unidades, a las que se accede por una escalera con entradas apareadas, están clausuradas. No obstante, sobre Algarrobo, la demolición de un amplio sector de entrepiso, permite obtener una visión de su estado de conservación y los agudos deterioros que enfrentan. Este sector y el 3´ sobre la calle Santa María, son los que presentan mayor obsolescencia constructiva.


[1] Secretaría de Planeamiento Urbano del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Areas de protección histórica. Buenos Aires. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires – Universidad de Buenos Aires, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. 1999. Pp. 232-265.
[2] Rögind, William. Historia del Ferrocarril Sud. Buenos Aires. 1937.
[3] Puccia, Enrique Horacio. Barracas en la historia y en la tradición. Buenos Aires. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Cuadernos de Buenos Aires XXV. 1977.
[4] Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Biblioteca. Fotografía de vuelo aéreo, año 1925.
[5] Beccar Varela, Adrián. Torcuato de Alvear. Su acción edilicia. Buenos Aires. G. Kraft. 1926. Pp. 389-395.
[6] Municipalidad de Buenos Aires. Anuario Municipal.1922-25. Intendencia de Carlos M. Noel. Buenos Aires, 1926.
[7] Municipalidad de Buenos Aires. Anuario Municipal. 1931. Buenos Aires. 1932.
[8] Municipalidad de Buenos Aires. Memoria del Departamento Ejecutivo de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Años 1933 y 1934. Buenos Aires. 1935.
[9] Autorizada por el Poder Ejecutivo el 8 de julio de 1930, esta sociedad contaba con un capital autorizado de $ m/n 1.500.000, y su constitución: presidente Aníbal C. López, directores José H. Brumana y Alejandro Menéndez Bethy, síndico Hilario Driscoll. En: Guía de Sociedades Anónimas. 1930-31. Buenos Aires. Editora Dorr Mansilla. 1932. P. 391.
[10] La venta del mercado por parte de Mercados y Depósitos S.A. a Juan Pedro Ascoby, realizada el 15 de noviembre de 1933, se realizó en $ 487.000, mientras que el Municipio debió pagar –dos meses después- $ 803.938,50. En: Fichas parcelarias. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
[11] Municipalidad de Buenos Aires. Memoria del Departamento Ejecutivo de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Años 1935. Buenos Aires. 1936.
[12] Ibidem.
[13] Municipalidad de Buenos Aires. Digesto Municipal de la Ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires. 1988.


Este informe ha sido realizado por el Arq. Jorge Tartarini por encargo del Area de Arquitectura del CMD en el año 2001, antes de comenzar las obras del CMD.

A continuación algunas fotos históricas del Mercado de Pescado, Archivo General de la Nación, arq. Adriana Perez Moralejo.

Archivo General de la Nación


Adriana Perez Moralejo






Adriana Perez Moralejo


1 comentario:

  1. justo estoy en un hotel en buenos aires y me gustaria ir a conocer el mercado de pescado... donde es?

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